martes, 7 de febrero de 2012

Sobre el Ché Guevara

A propósito de los 45 años de muerte del Ché Guevara

Mitos y verdades de un asesino y fracasado nato

Si viviera, el 14 de mayo pasado habría cumplido 84 años y le faltarían siete meses para celebrar los 85.

Es mucho lo que se ha escrito, hablado, especulado, inventado, imaginado y contradicho acerca de su pensamiento, personalidad y comportamiento.

Todo ha girado en torno a dos imágenes que contrastan, y que vamos a delinear en este informe.

El Ché prefabricado

Conoció en 1955, en México, al joven Fidel Castro Ruz y comenzó ahí una empatía que los uniría en su objetivo no sólo de tumbar la dictadura del general – dictador, Fulgencio Batista, de Cuba, sino de influir sobre Latinoamérica para que adoptaran el sistema socialista, como primer eslabón para llegar al comunismo.

Lograron su cometido en Cuba. Zarparon el 25 de noviembre de 1956 en la embarcación Granma, con 80 hombres más, entre ellos Raúl Castro Ruz, de la península de Yucatán, en México, desembarcaron clandestinamente en Cuba y comenzaron el asedio al Ejército y a la Policía de ese país, ayudados por compañeros del llamado Movimiento 26 de julio.

Aglutinaron a voluntarios y simpatizantes, que armaron, para la lucha por derrocar la dictadura, incluyendo a campesinos, obreros, intelectuales y gente de diversos oficios y clases sociales.

Pronto la prensa internacional comenzó a interesarse por las figuras de Fidel, el Ché y Camilo Cienfuegos, los más representativos, notables y carismáticos de esa empresa político – militar.

Tres años después, el 1º de enero de 1959, Batista huyó a Miami y los barbudos, como les decían, se tomaron el poder. Pronto fueron derivando hacia el socialismo, nacionalizaron todas las empresas extranjeras, en particular las de Estados Unidos, por lo cual este país, en contraprestación, les impuso un bloqueo económico que aún subsiste.

Los autodenominados revolucionarios, que eran unos golpistas que se habían tomado el poder no por la vía electoral, sino por las armas, aprovecharon esa coyuntura para aliarse con la entonces Unión Soviética, que los proveyó de más armamento, comida, dinero – se dice que cerca de un millón de dólares diarios para poder mantener activa la isla- y, por supuesto, el aprendizaje de la filosofía marxista – leninista.

Dentro de ese contexto, el Ché, un joven de 32 años, simpático, afable, con su boina con estrella roja, su uniforme verde olivo, su facilidad de expresión, aventurero, mujeriego, miembro de una familia de la más rancia oligarquía de su país, buena vida, dicharachero y apuesto, se ganó el amor de mujeres y la admiración de hombres.

La prensa internacional comenzó a darle bastante imagen, sus viajes, intervenciones en foros mundiales, declaraciones y acciones, eran noticia de primera página. Desde ya tenía aureola y era una leyenda viva.

Además, sabía manejar a la perfección la voluntad de las masas, con actos efectistas como aparecer en la prensa nacional sin camisa, llevando una carretillada de tierra y un pie de foto donde se indicaba que el comandante hacía trabajo comunitario como un obrero más, o se aparecía inesperadamente en cualquier reunión comunitaria a repartir apretones de manos, abrazos, caricias, alzar niños y derrochar buena onda.

Eso hizo que se ganara la buena voluntad popular, aparte de que fumaba habanos, trabajaba mucho recorriendo el país, dando consejos y alimentando su aureola de médico, humanista, revolucionario, cuyo ejemplo de vida había que seguir.

Impulsó la reforma agraria, fue presidente del Banco Nacional, ministro de Economía y ministro de Industria. Abandonó esos cómodos cargos sucesivamente y decidió irse al Congo, África, a ayudar a su revolución, regresó, participó en intentos por derrocar a varios gobiernos de Centro y Suramérica, y finalmente se radicó en Bolivia, a donde entró de forma clandestina con un puñado de ex compañeros guerrilleros suyos, creó una columna subversiva y comenzó a trabajar en la forma de hacer socialista a todo el Continente, empezando por ese país, considerado el corazón de Suramérica.

Fue capturado por el Ejército boliviano, y luego ejecutado el 9 de octubre de 1967, a los 39 de edad.

A partir de entonces, los medios de información escritos, hablados y visuales, afines con el socialismo y la revolución cubana, orquestados por Prensa Latina, el organismo oficial del régimen castrista, se dio a una intensa, efectiva e inteligente tarea de hacer aparecer al Ché como un hombre comprometido con los pueblos del mundo, sencillo, humilde, inteligente, entregado a la causa de la justicia social, íntegro, combatiente, conductor de masas y le endilgaron el mote de Guerrillero Heróico.

Irónicamente el sistema capitalista que tanto odiaba y combatía, se ha lucrado todo este tiempo económicamente de él, a través de impresión de libros, hechura de camisetas con su efigie, almanaques, afiches, pastas de cuadernos y libretas, murales, obras de arte, fotografías, grabaciones de su voz o audiovisuales, que han generado miles de millones de dólares de ganancias. Compite en eso con las imágenes de Elvis Presley, Charles Chaplin, Jimmy Hendrix, Bob Marley y Marilyn Monroe.

Todo eso ha influido en la percepción de los jóvenes que no saben mucho de él, pero les atrae su apariencia de rebelde, su juventud, lo que dicen de él, su uniforme, las botas, la boina y el bombardeo de información casi diaria.

Eso es lo que fabricaron del Ché, pero no es la verdad. La realidad es otra.

El Ché, arrogante, despiadado e incompetente

Todo lo que dicen y escriben sus admiradores incondicionales, tiene una base real, sí luchó en la guerrilla, ocupó esos cargos, propició otras revoluciones y caía bien por el don de gentes del cual ya hablamos.

Pero lo que ocultan con sumo cuidado, y se ha venido sabiendo con el paso de los años, es que al triunfo de la revolución cubana, se hizo cargo de la jefatura de La Cabaña, una tenebrosa fortaleza colonial donde fueron ejecutados miles de reos, la mayoría menor de 30 años, donde el propio Ché era aficionado a ejecutar a cubanos puestos contra la pared. Por ello se ganó el apodo de EL Carnicero de la Cabaña. Personalmente dirigió el proceso contra los representantes del régimen depuesto, condenando a muerte a cerca de 4 mil personas.

El padre Javier Arzuaga, capellán de La Cabaña, declaró años después que el Ché nunca ocultó su crueldad, si la revolución le exigía muertos, él mataba, y llegó a extremos de llevar a familiares que iban a visitar presos, a que conocieran el paredón, aún manchado con sangre fresca.

El Ché no dudaba en ejecutar personalmente a traidores o sospechosos de serlo. En las sentencias improvisadas, que él mismo revisaba y aprobaba, no cabía el titubeo de la duda razonable. Su divisa era Ante la duda, mata.

En cartas que escribió a familiares y amigos, desde cuando estaba en México hasta antes de morir, se lee frases como: Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre. O, ¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco. O, Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía. O, Nosotros tenemos que decir aquí que fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. O, El camino pacífico está eliminado y la violencia es inevitable.

Otros rasgos de su personalidad, atestiguados, por amigos, ex novias y parientes, dan cuenta de la verdadera faceta del Ché:

Alberto Benegas Lynch en su libro Mi primo el Ché, escribe que en una oportunidad, una de mis tías me contó que de muy chico el Ché se deleitaba con provocar sufrimientos a animales y, de más grande, insistía en que la muerte (de otros) no era tan mala después de todo.

Carlos "Calica" Ferrer, uno de sus primeros amigos, declaró que se hizo habitual para el Ché mantener relaciones sexuales con las sirvientas que trabajaban en las casas de sus familiares y amigos.

Una de sus novias de juventud, 1950, María del Carmen Ferreyra "Chichina", relató que el Ché tenía una postura crítica con respecto a los militantes de izquierda, a los que acusaba de sectarios y faltos de flexibilidad.

• Le gustaba matar. Se ofrecía de voluntario cuando había que ejecutar a alguien. Él personalmente ejecutó a cientos de personas sin haber sido juzgados.

• Acostumbraba degradar en público a sus esposas –tuvo dos-, al igual que a sus subordinados.

• Sus amigos le decían el Chancho Guevara, por sucio, no le gustaba casi bañarse. Después de un partido de rugby, se ponía la ropa limpia para ir a bailar, encima de la camiseta embarrada y sudada.

• Su mayor diversión era eructarle al oído a la chica con la que bailaba, después de tomarse unas cervezas.

Varios de sus ex compañeros de bachillerato coincidieron en que era egocéntrico, presumido, farsante, hipócrita, autosuficiente, buscaba a las muchachas sólo para relaciones sexuales, era agresivo y estaba convencido de que el mundo giraba alrededor de él.

• Siempre mintió al decir que era médico. Estudió unos semestres nada más, porque ninguna universidad de argentina ni el ministerio de Educación de ese país, tiene documento alguno que certifique que era galeno, y su familia nunca presentó tampoco ni una foto del día de la graduación. En materia de salud, lo único cierto es que era asmático.

Su racismo se hace evidente en estos comentarios en su primer diario de viaje, de 1952: "Los negros, esos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño, se gastan sus pesitos en cualquier frivolidad o en 'pegar unos palos' (emborracharse). El europeo tiene una tradición de trabajo y de ahorro que lo persigue hasta este rincón de América y lo impulsa a progresar, aún independiente de sus propias aspiraciones individuales.

Alguna vez, en presencia de varios amigos, se refirió a "la indiada analfabeta de México". Su cara racista se muestra de nuevo.

En el diario de su segundo viaje por América Latina, en 1953, al llegar a Costa Rica, anotó: "Yo me quedé afuera con una negrita que me había levantado, Socorro, más puta que las gallinas, con 16 años a cuesta”.

Durante la mayor parte de su vida no tuvo empleo estable, y dependió de su madre, su hermana Celia y su tía Beatriz, que solían enviarle dinero, y de otras mujeres en su vida, para que lo ayudaran a obtener empleo y también en el pago de sus deudas.

En esta vida de vagabundo, que adoptó por elección propia, se nos muestra como un ser cruel, duro, irresponsable y aprovechador de las mujeres que lo ayudaron en ese periodo de su vida, a las que consideraba de carácter débil, lo cual le permitió vivir del cuento o, como decimos en Colombia, ser un vividor de las mujeres.

• No sabía absolutamente nada de estrategia militar y sin embargo estuvo al frente de cientos de guerrilleros. También fue pésimo administrador.

• En El Escambray y en la Sierra Maestra, sitios donde se asentó la guerrilla en Cuba, mató personalmente a innumerables campesinos, sólo porque sospechaba que eran infiltrados o le parecían sospechosos. En otras ocasiones recurría a la tortura psicológica, haciendo vendar los ojos a alguien para fusilarlo y disparando al aire, sólo por atormentarlo.

Acerca de la información, conceptuó: "Hay que acabar con todos los periódicos, pues no se puede hacer una revolución con libertad de prensa. Los periódicos son instrumentos de la oligarquía". (En esas andan hoy, 2012, Chávez de Venezuela, Correa de Ecuador, Ortega de Nicaragua, Fernández de Argentina y Morales de Bolivia).

• El gran revolucionario tuvo la oportunidad de poner en práctica su visión económica cuando fue presidente del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de 1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. En esos periodos del Ché como funcionario, fue cuando la mayor parte de la economía­ cubana casi colapsa, casi se anula la producción de azúcar, fracasó la industrialización, y tuvieron que introducir el racionamiento.

• En contraste, Cuba era en 1958 el tercer país de América Latina con mayor solidez monetaria por sus reservas de oro, dólares y valores convertibles en oro, detrás sólo de Venezuela y Brasil. Cuba tenía la inflación más baja de Latinoamérica con 1.4%. La media era de México con 7.8% y la más alta era la de Bolivia con el 63%.

Tras el triunfo de la revolución, Castro y el Ché iniciaron el movimiento guerrillero a través de América Latina. De inmediato se organizó un plan para iniciar focos guerrilleros en Panamá, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Guatemala y Colombia. Todo lo planeado por el Ché, fracasó.

En junio de 1959 fue enviado en una misión diplomática con el objeto de establecer nuevas relaciones comerciales con Egipto, India, Indonesia y Yugoslavia. Lo recibieron por cortesía. Regresó con las manos vacías. Una vez más, fracasaba.

El 15 de diciembre de 1959 inició el proceso de las purgas de los líderes sindicales, democráticamente elegidos en el X congreso de la CTC llevado a cabo en noviembre de 1959, destruyendo el movimiento sindical obrero y aboliendo los derechos laborales conquistados por los obreros.

En una alocución por la Tv. el 26 de junio de 1961, cuando era ministro de Industria dijo: "Los trabajadores cubanos tienen que irse acostumbrando a vivir en un régimen de colectivismo y de ninguna manera pueden ir a la huelga".

A finales de 1960, envió a Guanahacabibes, población cubana, a todos los homosexuales que encontraron en la isla, condenados a trabajos forzados. Parodiando la frase de Hitler en los campos de concentración que hizo colocar la frase El trabajo os hará libres, el Ché ordenó colocar la frase El trabajo os hará hombres. Homofóbico de tiempo completo. Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965, en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos, y otras personas que desagradaban a los Castro Ruz y al Ché.

Su afán terrorista lo llevó a la guerra de guerrillas en África, particularmente en el Congo, donde fracasó en sus intentos de combatir a gobiernos pro Francia y Belgica.

En su viaje a Argelia en 1965, cuando le preguntaron por el fracaso económico, dijo cínicamente: "Tenemos un país para experimentar; nos equivocamos, pero seguiremos experimentando hasta que aprendamos". (Dicho aprendizaje ha ocasionado el fracaso económico más grande de toda la América Latina).

En marzo de 1965 Castro lo envía al frente de una delegación a China, con el objeto de restaurar las deterioradas relaciones. Los camaradas chinos lo recibieron, conversaron con él, pero no cedieron nada. Una vez más, fracasa.

En su Mensaje a la Tricontinental, el 16 de abril de 1967, escribió: "El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así, un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal".

Al momento de ser hecho prisionero, el 8 de octubre de 1967, estaba herido levemente de bala en una pierna, y con su pistola en alto gritó a sus captores, "No disparen, soy el Ché, valgo más vivo que muerto." Su pistola de 9 milímetros disponía de todas sus balas al cederla. ¿Por qué se dejo coger prisionero y no peleó hasta la última bala? Tal vez creyó que no lo iban a matar, sino que lo juzgarían y expulsarían a Cuba. Otro fracaso.

Félix I. Rodríguez, ex agente cubano de la CIA, contó que cuando entró a la pieza de la escuela de La Higuera, donde el Ché se encontraba prisionero, le dijo Comandante, lo siento, va a ser ejecutado, he tratado de evitarlo, pero son órdenes superiores del alto mando. Se puso blanco como un papel, nunca vi a una persona perder la expresión de la cara como lo hizo él, entonces me dijo Es mejor así, yo nunca debí haber caído preso.

• El 9 de octubre fue asesinado por un soldado que recibió orden de hacerlo. Su frase, emitida meses antes de “Haré de Latinoamérica un segundo Vietnam”, se apagaba en segundos con la tristeza de ser su último fracaso.

Evo Morales llevó a cabo una celebración oficial del 40 aniversario de la muerte del Ché, en 2007, que fue repudiada por la mayoría de los bolivianos, opuestos al elogio de una invasión de extranjeros que mató 55 soldados bolivianos y varios civiles. El general Gary Prado, quien dirigió la columna militar que capturó al Ché, dijo que El homenaje debería ser hecho a los soldados que derrotaron a ese invasor.

El Ché falló en todas las empresas que acometió: En su inconclusa carrera de medicina, como economista al frente del Banco Nacional y del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, como ministro de Industria por el fracaso de la industrialización, como diplomático y político en sus relaciones con la Unión Soviética, China, Japón, India, Egipto y Yugoslavia, en la organización de guerrillas en Latinoamérica, en sus aventuras guerrilleras en el Congo y Bolivia, e incluso en el fomento de la violencia.

En una entrevista, su novia de juventud, 1950, María del Carmen Ferreyra "Chichina”, resumió el fracaso del Ché con estas palabras: "Pobre Ernesto, no tuvo éxito en nada, ni como médico, ni como fotógrafo, ni como economista, ni siquiera como propagador de la revolución".

Lo objetivo es que el Ché fue fanático, dogmático, rencoroso, envidioso, arrogante, soberbio, mentiroso, racista, carente de moral, mercenario y homófobo; un asesino sanguinario, que el fanatismo de la izquierda ha convertido en héroe.

Recuerdo de Eduardo Umaña Luna

A través del poeta, escritor, diplomático y periodista Fernando Garavito, mi mentor, guía y maestro, quien falleció en octubre de 2010, conocí a Eduardo Umaña Luna en 1975, cuando él tenía 44 años y yo 20.

No sabía nada de él, pero su fascinante conversación, su vasta cultura que lo mantenía inmerso en todas las disciplinas del intelecto, desde la música hasta el performance, me impresionaron gratamente.

Era de eso tipos a los que uno escucha con interés y cuando se despide, se queda con la sensación de que es más ignorante de lo que pensaba y es eso lo que, en mi caso, me estimuló a aprender e informarme, no sólo limitado por el colegio y la universidad, sino también por cuenta propia.

Lástima que los jóvenes de hoy, en vez de andar chateando y pendejeando, no aprovechen el internet para ilustrarse y culturizarse en todas las ramas del conocimiento que más puedan. Como comentábamos en estos días con un amigo, una de las diferencias entre nuestra generación y la de ahora, es que esta última habla bobadas en tres idiomas.

Bueno, el caso es que me hice amigo de Eduardo y poco a poco, porque era de una modestia franciscana (murió en 2008, a los 77 de edad), fui descubriendo que era abogado y sociólogo, que había sido locutor de la Radio Nacional, bibliotecario de la Biblioteca Nacional, fiscal, profesor universitario, investigador y defensor de presos políticos, lo cual le significó muchos dolores de cabeza.

También supe que había sido compañero de magisterio y amigo muy cercano del malogrado sacerdote socialista Camilo Torres Restrepo, y que era hijo extramatrimonial del gran poeta José Umaña Bernal.

Como en ese entonces la poesía formaba parte de mis intereses inmediatos, se me iluminó la mirada y le dije emocionado que conocía muy bien la obra cumbre de su padre, Décimas de luz y hielo, y le conté que yo había escrito muchos poemas desde los 12 de edad, sólo para comprobar que era un desastre con buenas intenciones, a lo cual rió de buena gana.

-No te preocupes, que todos hemos pasado por esos pecadillos de juventud, dijo en tono comprensivo.

Su conocimiento del acontecer nacional, desde la independencia hasta ese 1975, era abismal y le presentaba a uno un mapa muy completo acerca de la división de clases, los partidos políticos, las bases de la economía nacional, la intervención de las trasnacionales, la carencia de infraestructura, de acueducto y alcantarillado en casi toda la geografía nacional, en fin, algo tan real y palpable, que la poesía pasó a tercer plano, pues como ser humano era un animal político que no podía abstraerme de los aconteceres de la convivencia comunitaria.

Lo indagué acerca del poeta Umaña Bernal y me contó que le escribía cartas en los que no le decía mijo, sino que lo tuteaba con sequedad y se dedicaba a remachacarle que debía leer mucho de filosofía, literatura universal, psicología, sociología y demás ciencias sociales, para que se preparara para la vida como un ser útil a los demás y no pensar sólo en la diversión y el deleite.

Calló un momento y se quedó mirando a la nada, removiendo los recuerdos.

Tuvimos muchos encuentros, cada vez más aleccionadores, y por él conocí a muchas figuras del pensamiento nacional, que no es del caso mencionar, so riesgo de aparecer más pedante de lo que ya deben pensar algunos.

La última vez que lo vi, pocas semanas antes de morir, estaba sentado en las escaleras de un edificio de la Calle 30 con Carrera 7ª, conversando animadamente con una anciana vendedora ambulante. Yo iba en una buseta y quise bajarme a saludarlo, pero no lo hice.

Eso de hablar con toda clase de gente, era parte de su encanto y del que tienen muchas personalidades, sin inconveniente para armar tertulia con el embolador, el lotero, el repartidor de periódicos, el travesti, la prostituta, el policía, el barrendero, el portera, la señora de los tintos. A él y a los demás les aprendí eso y los imito.

Cuando supe de su deceso, me acordé de la tarde en que le comenté que había pensado que esas cartas de su papá, duras y severas, tenían un interés válido, que se solidificara como ente activo y no perdiera el tiempo en tonterías.

Me miró con tristeza y suspiró, mientras descansaba la quijada sobre sus manos entrelazadas en la empuñadura de su bastón, y calló antes de responder, como era su costumbre.

-No puedo negar que tienes razón, dijo, y volvió a callar.

Al cabo interrumpí sus cavilaciones:

-Entonces, Eduardo, ¿por qué ese tono de reproche?

-No, no guardo reproche alguno.

-(…)

Suspiró nuevamente, más profundo, levantó la cabeza y me miró fijamente, mientras decía con voz sentida:

-Mi papá nunca me preguntó si yo era feliz.